Poemario

Poemas escritos por Ida a lo largo de su vida

La poesía (III)

Es una voz armoniosa que susurra

en lenguaje misterioso su elegía

y las notas de una música divina

nos embriaga en su canción desconocida.

Es un soplo que acaricia nuestra frente

y que llena de nostalgias y saudades

los países fabulosos de la mente.

Deambulando por las playas del ensueño

nos sorprende su presencia milagrosa,

que camina a nuestro lado silenciosa,

como los tímidos rayos de la luna,

y nos lleva de las manos hacia un mundo

de leyendas donde cantan las sirenas

sus canciones embrujadas a las dunas

y a las olas alocadas que desgarran

a sus pies como una ofrenda sus espumas.

Es rocío que del cielo gota a gota

va cayendo sobre el alma enamorada

que entreteje una guirnalda con sus manos,

más suaves que el plumaje de las aves,

más etéreas que el fulgor de las estrellas,

y más blanca que la nieve de la estepa

solitaria que regala su blancura

y su pureza bajo el peso de la luna,

que camina entre las nubes sin descanso

persiguiendo las imágenes del sueño

por los ámbitos ignotos del espacio.

Es la voz de una sonámbula fontana

que en el seno de una noche sensitiva

sueña y canta su canción esclarecida,

como el céfiro que vuela y que delira

desvelando a los capullos con las notas

de su música divina,

que ora llora, vuela, canta y luego expira,

o se eleva en su ascensión hasta la cima

donde moran las estrellas peregrinas,

que derraman sobre el mundo sus fulgores

bajo el manto de la noche que suspira

como el pecho de una joven, que cautiva,

sueña loca con el príncipe de un cuento

milenario que no llega a libertarla,

ni a romper los férreos lazos

que la tienen prisionera entre sus brazos.

Es viajera que de paso nos subyuga

con su lluvia de luceros y suspiros

y nos borda dentro el alma una palabra

que jamás de los jamases se descifra,

porque tiene todo el salmo de la Biblia

y la esfinge la protege con su enigma

y la torna más hermosa cada día,

ora leve, ora fuerte, ora umbría

como gruta que se ofrece tentadora

cuando el alma ya no puede con sus penas

y su carga de fatigas y de espinas.

Es un río que se mece en sus orillas

y que nutre las raíces de las plantas,

que enamora cuando reza y cuando canta,

porque brota de su voz la maravilla.

Es un árbol cuyas ramas nos protegen

de la lluvia, de la sed y la fatiga

y que escancia en nuestros labios el olvido

de las negras amarguras que fustigan

y atormentan nuestras almas, nuestras vidas,

que se van como las olas errabundas

arrastradas por el viento a la deriva…

Es el alma del misterio que nos llama

desde un mundo donde todo ya está escrito

y nos lleva por las playas sin orillas

anegadas de plegarias y de gritos,

donde bogan nuestros sueños más queridos,

ilusiones y espejismos que vestidos

con los rayos de la luna peregrina,

nos regalan sus canciones y sus vidas

con el sello de las cosas fugitivas.

La poesía,

yo no sé, no la conozco todavía,

no cruzó por mi camino su destello

mas la busco sin cesar por los senderos,

por los bosques, por los prados, por la vida,

pero ella siempre bella y siempre esquiva

me sonríe desde el cielo en su barquilla,

me saluda y luego pasa, yo la miro,

me arrodillo, le suplico y mis suspiros

van tejiéndole un ropaje,

mas la diosa no se inmuta ni se ablanda,

pasa leve como céfiro y sus alas

rozan raudas las Arcadias de mi alma.

¡Quién pudiera retenerla en su camino!

¡Quién pudiera aprisionar las notas mágicas

que borbotan de su arpegio peregrino!

Una gota del rocío de su cielo

da verdor y da frescura de llovizna

y revive con sus besos

a las flores que agonizan en sus ramas

por la sed que las marchita y las desgaja.

Es un arca celestial cuyos cordajes

nos embarcan en las góndolas ligeras

que conducen al país de los celajes…

Si su voz maravillosa me llamase

desde el mundo que la tiene prisionera,

yo me iría por un bosque de claveles

con la frente coronada de laureles

y los labios florecidos de palabras

inmortales,

que abrirían para siempre

a mi paso los portales

del poder y de la fama.

¡Qué de rosas y de lirios desparraman

los fulgores tan azules de sus llamas!

¡Cómo ascienden por el aire sus aromas

y los empíreos celestes se embalsaman

con los cálidos alientos de sus pomas!

La poesía…

¿Dónde hallarla? ¿Quién miró sus ojos claros?

¿Quién sostuvo su cabeza entre las manos?

¿Quién robó los besos puros de sus labios

en los lindes misteriosos del arcano?

¡Ay de mí! ¡Jamás tuve la dicha de encontrarla!

Se lanzaron las palomas de mis ansias

por espacios ignorados a buscarla,

mas las flemas de mi aljaba se hallan rotas

y mi aurora ya es otoño por soñarla…

Ya no tengo entre las manos ni un ensueño

ni una rosa ni un capullo de esperanza

¡mas no puedo desprenderme

del anhelo de encontrarla!

Ya obscurece en mi camino, se entreabren

los capullos de las sombras

y el rosal de la tiniebla ¡ya me nombra!

sus corolas diamantinas me susurran

en voz baja…

la palabra ineluctable que desgaja,

mi alma sangra y la vida se me escapa

lentamente por la herida.

La poesía, por mirarla

yo daría este collar de angustia larga

¡que es mi vida!

Por rozarla con mis labios sitibundos

¡Todo un mundo! ¡Todo un mundo!